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Llegar a cero: El futuro de un movimiento juvenil feminista sobre el VIH

Por Chelsea Ricker en colaboración con el VHI Fondo de Lideres Jóvenes IV (HIV Young Liders Fund oHYLF por sus siglas en Ingles) y el programa de Activismo Joven Feminista de AWID

Hoy, Día Internacional de los Derechos Humanos, terminará nuestra iniciativa Llegar a cero que se inició el 1º de diciembre, el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA. Como parte de la serie Llegar a cero, AWID difundió perfiles de mujeres jóvenes y de iniciativas dirigidas por jóvenes que están eliminando estereotipos y tomando el control del movimiento contra el VIH y SIDA en sus propias comunidades. Como observamos al comienzo de esta iniciativa, a escala mundial las mujeres representan más del 60% del total de personas jóvenes que viven con VIH. Las jóvenes y las iniciativas centradas en las mujeres que hemos seleccionado para los perfiles se rehúsan a ser victimizadas y privadas de sus derechos; por el contrario, los ejercen, hacen que sus voces se escuchen y transforman su vida y la de sus comunidades.

A principios del otoño de este año, un grupo internacional de jóvenes feministas se reunió con motivo de la serie “Invitadas/os a La Conexión” de la Conexión Joven Feminista de AWID. Hablamos del movimiento juvenil en la Conferencia Internacional del SIDA, realizada en julio de este año en Washington DC, y de lo que esperamos ver en los próximos dos años. Juntas, empezamos a imaginar el movimiento juvenil feminista en torno al VIH que nos gustaría ver en el futuro.

Las prioridades de todas nosotras parecen ser la interseccionalidad y la inclusión. Los modernos movimientos sobre el VIH, feministas y de salud sexual y reproductiva ya no pueden darse el lujo de vivir en compartimentos estancos ni de centrarse exclusivamente en “una” población meta utilizando un solo enfoque. El movimiento juvenil comprende mucho más de lo que anteriormente se creía: todas y cada una de las personas que lo integramos vivimos en circunstancias desfavorables, gozamos de privilegios, se nos colocó en situaciones de vulnerabilidad y estamos empoderadas en maneras únicas y multifacéticas. Un movimiento que busca servir a una cultura juvenil “monolítica” no puede ignorar las dinámicas de la desigualdades de género tradicionales, las opresiones de raza y de clase, la violencia de género, la discriminación por sexualidad, orientación, identidad y presentación de género, así como de nuestras diversas tradiciones, culturas y religiones.

Podemos crear nuestro propio espacio de análisis, un diálogo propio sobre nuestras diferencias y darnos la oportunidad de forjar alianzas nuevas y mejores por fuera de nuestros compartimentos estancos actuales y de las luchas internas de los movimientos internacionales por el desarrollo. Ya no podemos sentirnos satisfechas sólo con los dictámenes de un movimiento internacional estancado en su propia burocracia sino que, por el contrario, debemos trabajar para crear un movimiento que refleje nuestras necesidades, energía, creatividad y vitalidad. Exigimos cambiar el statu quo en los programas de prevención, tratamiento y atención del VIH en cuatro áreas importantes:

  • Cambios en la narrativa: A escala mundial, las jóvenes se encuentran expuestas a un mayor riesgo de contraer el VIH. Pero no todas somos víctimas reales o potenciales: somos protagonistas de nuestras propias vidas y así se nos debe ver. Las jóvenes también son defensoras dinámicas y activas de sus propios derechos y decisiones. Exigimos que se escuchen nuestras voces en el liderazgo, la toma de decisiones y la implementación de políticas y programas que afectan nuestras vidas. La narrativa que percibe a la gente joven, y en particular a las mujeres jóvenes, como objetivos a medir y no como aliadas con quienes trabajar en conjunto, debe cambiar
  • Cambios en el liderazgo: Existen numerosas organizaciones e iniciativas que trabajan para la juventud, pero sólo unas pocas están dirigidas por las y los jóvenes a quienes procuran servir y son todavía menos las lideradas por jóvenes feministas. Como los puestos con poder en las organizaciones tradicionales a los que pueden acceder las feministas y defensoras/es jóvenes son pocos, necesitamos invertir en su liderazgo y en las organizaciones que apoyan y valoran sus ideas y experiencias.
  • Cambios en el financiamiento: Empieza a surgir un nuevo modelo de financiamiento dirigido por personas jóvenes, en particular feministas. Organizaciones como el HYLF y El Fondo de Jóvenes Feministas – FRIDA no sólo aportan donativos sino también apoyo técnico, aprendizaje entre pares y fortalecimiento de capacidades con y para activistas jóvenes. Financiadoras como estas son pioneras en el uso de un modelo de asociación para efectuar donativos que priorice las ideas positivas, los enfoques innovadores y la energía de las/os jóvenes activistas. Necesitamos seguir desarrollando modelos de financiamiento alternativos que funcionen para las y los jóvenes en vez de tratar de que todo encaje en un molde único.
  • Cambios en la dinámica: En área como el VIH, la salud sexual y reproductiva y la igualdad de género, la actual competencia entre corrientes divergentes daña más de lo que beneficia. La gente joven ya superó esos compartimentos estancos y está tratando de crear un nuevo modelo interconectado de activismo que tome en cuenta nuestras identidades en todos sus aspectos y nuestras experiencias para generar nuevas fortalezas.

El movimiento juvenil debe reconocer y asimilar su propia diversidad para encontrar su verdadera fuerza. Como jóvenes feministas que formamos parte de este movimiento, hemos pasado demasiado tiempo oyendo que hablan en nuestro nombre y no con nosotras/os como para seguir ignorando las voces de todas y cada una de las personas que forman nuestro movimiento. Debemos escuchar, respetar y celebrar nuestra diversidad interna y nuestras experiencias únicas para acercarnos a los movimientos de VIH y salud y derechos sexuales y reproductivos con soluciones integrales y claras para nuestra generación y las futuras. Sólo trabajando en conjunto para luchar por los cambios que deseamos ver, tendremos una verdadera oportunidad de llegar a cero.

Chelsea Ricker es una joven activista con más de 10 años de experiencia en la promoción de la salud y derechos sexuales de las y los jóvenes. Chelsea es especialista en educación integral en sexualidad y actualmente vive en Londres, donde ofrece consultorías sobre derechos sexuales y reproductivos y normas y políticas de salud a nivel global. Trabaja también en el proyecto de plataformas móviles de salud y aprendizaje a distancia llamado Learning about Living (Aprender a vivir) de OneWorld UK en Nigeria, Senegal, Marruecos, Egipto y Mali.

Chelsea ha trabajado con grupos locales de salud y derechos sexuales de mujeres y jóvenes en más de 10 países del Caribe y del África Sub-saharia. Es una activista apasionada y una prolífica escritora de blogs. Su labor con numerosas organizaciones locales e internacionales de derechos humanos y de salud sexual y reproductiva abarcó desde la incidencia y las comunicaciones, al manejo de donativos y la dirección de programas, la consejería y el desarrollo de planes de estudios. Chelsea estudió una maestría en Educación, Promoción de la Salud y Desarrollo Internacional en el Instituto de Educación de Londres, por la cual recibió mención honor, ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽es, por la cual recibinacional merosas orgsolver, escuchar, respetar y celebrarguir ignorando las voces de todas y caífica; una licenciatura en Religión y Derechos Humanos en la Universidad de Columbia de Nueva York, y un curso en Sexualidad, Cultura y Sociedad en la Universidad de Ámsterdam.

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