La Conexión es un espacio para jóvenes feministas - especialmente mujeres jóvenes - que trabajan sobre los derechos de la mujer y la igualdad de género en todo el mundo para conectarse, aprender y compartir información.

Más información

Ultimas oportunidades

Llamada a la participación

Ishita Chaudhry en la presentación del Grupo de Trabajo de Alto Nivel para la CIPD

Por: Ishita Chaudhry

El 25 de abril de 2013 el Grupo de Trabajo de Alto Nivel para la CIPD organizó un evento para presentar sus recomendaciones relativas a las políticas para la CIPD posterior a 2014. El documento, que se puede consultar aquí, pone énfasis en la necesidad de hacer cumplir los derechos sexuales y reproductivos; lograr el acceso universal a la información, educación y servicios de DSSR, incluyendo el aborto seguro y la educación integral en sexualidad para las/os jóvenes en las escuelas y fuera de ellas; y eliminar la violencia contra mujeres y niñas.

Ishita Chaudhry, integrante de RESURJ, forma parte del Grupo de Trabajo. A continuación encontrarán su intervención de hoy:

Hace siete meses, me paré frente a este mismo atril y les hablé a muchas/os de ustedes. En un mundo en el que existen 1.2 mil millones de jóvenes de 10 a 19 años, es muy fácil que se pierda la voz de una persona joven. Nuestras vidas se convierten en relatos que muchas veces se olvidan, se ponen en peligro por una resolución, se documentan en informes. Habiendo pasado las últimas 36 horas sumergida en las negociaciones de la Comisión de la ONU sobre Población y Desarrollo allá enfrente, escuché a los gobiernos del mundo debatir en torno a palabras que tienen mucho poder para influir y determinar las vidas de millones de mis pares, y la mía propia. Por eso es que sí tengo algo para decir.

Esta semana aprendí el concepto de “líneas rojas”, el punto más allá del cual un grupo no está dispuesto a negociar. Y me sorprendió la cantidad de líneas rojas que los gobiernos pueden estar dispuestos a trazar para garantizar que a las mujeres y las niñas se las eduque de tal manera que no tengan capacidad para lograr cosas simples. Como la autonomía, elegir entablar una relación o no, casarse a la edad que ellas decidan; o el pensamiento crítico, conocer tu cuerpo y tu derecho a decir sí, o no, o tal vez. Y anoche cuando hicimos una pausa a las diez, me quedé pensando: algunas de esas líneas rojas, ¿servirán para proteger  a las/os jóvenes de la violencia si no pueden ofrecernos educación sexual integral? Y, ¿cómo estamos protestando contra el hecho de que las mujeres, las/os jóvenes y particularmente las/os más marginadas/os son quienes pagan el precio más alto por las desigualdades existentes?

Permítanme contarles una historia sobre por qué es importante esto y cómo podemos hacerlo. Hace tres semanas, una de las jóvenes que se está capacitando como formadora de pares con nosotras vino a la oficina de la Fundación YP. Nusrat tiene 17 años y es una joven musulmana; vive con su familia en la que el único que gana un salario es su hermano. Por eso, ella siempre tuvo muy poco poder de negociación en torno a su movilidad y su libertad. Esto es muy común entre las adolescentes con las que trabajamos. En los 5 años que lleva con nosotras, Nusrat jamás había hablado en un taller delante de otras personas: siempre fue tímida y silenciosa.

El día que Nusrat llegó a la oficina tenía moretones y verdugones en los brazos, la espalda y el rostro. Era obvio que la habían golpeado y después de darle mucho afecto y comida china, comenzó a explicarnos que cada vez que su hermano la veía pasar tiempo con las personas no musulmanas de la comunidad, la golpeaba para castigarla. “No quiere que yo abandone nuestra comunidad y me escape hacia el lado hindú”, nos contó, “Por eso se pone furioso, porque no quiere que yo deshonre a la familia”. Lo dijo con muchos titubeos pero al mismo tiempo dándolo todo tan por sentado, que recuerdo haber pensado cuánto debimos haberle fallado a esta muchacha para que, aun pudiendo ir a la escuela, la golpearan con un cinto cada vez que hablaba con amigas que profesaban otra religión.

Después de ayudar a limpiarle las heridas — una imagen que quedó grabada en mi mente — comenzamos a hablar sobre cómo sería para ella decirle a su hermano cómo se sentía; sin prisa pero sin pausa ir defendiendo sus derechos y expresar sus aspiraciones y sus deseos, uno de los principios centrales[AB1] de las habilidades para la vida que brinda la educación sexual integral. Recuerdo que ese día aprendí una de las lecciones más importantes en nuestro trabajo, al darme cuenta de que Nusrat iba a tener que empoderarse lo suficiente para romper ella misma el ciclo de violencia, pobreza e inequidad en el que se encontraba y que, por mucho que quisiera, yo no podría hacer mucho más. A riesgo de ser golpeada muchas veces, Nusrat continuó asistiendo a sesiones de capacitación y visitándonos. Hace muy poco, por fin le dijo a su hermano que dejara de golpearla.

Hace tres semanas, habló, en un juego de roles con sus pares. El tema del juego de roles era cómo una joven puede eliminar los estigmas y la discriminación en su comunidad defendiendo los derechos de otras/os. Fue algo tan inesperado que mi colega Sumaya que está hoy aquí y yo nos quedamos congeladas. No podíamos creer que la muchacha que durante 5 años había luchado día tras día para poder hacer algo tan sencillo como participar por fin, por fin, estaba hablando con tanta claridad y confianza. Ahora Nusrat dice que quiere terminar la escuela y venir a trabajar con nosotras para dirigir programas de concientización similares que les aporten a las jóvenes información fundamental sobre sus cuerpos y sus derechos así como las habilidades imprescindibles para negociar sus vidas.

La violencia es algo muy presente entre las/os jóvenes y afecta sobre todo a las muchachas. Casi un 50% de las agresiones sexuales se cometen contra muchachas menores de 16 años. En India, un estudio encargado por el gobierno reveló que más del 53% de las/os niñas/os en el país sufren abuso sexual y que el 73% de ellas/os no se lo cuentan a nadie.

Sin educación sexual integral, la violencia se internaliza desde la cultura hasta el punto que — como lo hemos escuchado recientemente en India — integrantes del Parlamento y figuras políticas te dirán que si te violan o abusan de ti probablemente sea porque tu falda era demasiado corta o porque saliste sola tan tarde a la noche que “te lo buscaste”. Nadie “se busca” la violencia. Estos estereotipos crean desigualdades profundas y abordarlas es una cuestión de justicia social. ¿Cómo puede creer cualquier gobierno que garantizar esto no forma parte de su fe, su religión o su cultura?

Si en el transcurso de su vida, Nusrat nunca hubiera podido acceder a la información, habilidades, servicios, recursos y apoyo que necesita — recursos tan básicos como educación adecuada en sexualidad, servicios y habilidades para evitar los problemas que mencioné — jamás habría podido cuestionar el ciclo de pobreza y el ambiente opresivo en el que se encuentra. Sin empoderamiento individual no puede haber progreso económico, social, ambiental o justicia de género. El Grupo de Trabajo de Alto Nivel así lo entiende y espero que los gobiernos también lo hagan.

Hace poco, en febrero de este año, junto con aliadas consultamos a 284 personas jóvenes que representaban a 100 organizaciones juveniles de toda la India sobre el proceso posterior a 2015. La inversión para garantizar SSR y ESI fue una de las 5 prioridades para toda la gama de jóvenes consultadas/os. La misma demanda la comparten 3000 jóvenes de 150 países a través de la Declaración de Bali adoptada en diciembre pasado durante el Foro Mundial de la Juventud para la CIPD.

En estos últimos once años, muchas veces pensé en abandonar este trabajo. Son muchos los retos y a veces todo resulta abrumador. Pero siempre que empiezo a pensar en decir basta, la veo a Nusrat entrando a nuestra oficina. Y cuando ella se asoma a mi cubículo y me sonríe sus buenos días, me recuerda con mucha fuerza lo importante que resulta vivir una vida en la que estés lo suficientemente empoderada como para elegir por ti misma, defender tus aspiraciones y contar con algo tan básico como el respeto por ti misma, la autoestima y tu propia voz.

La salud y los derechos sexuales y reproductivos encierran la promesa de garantizar que millones de jóvenes, sobre todo mujeres y niñas, puedan vivir sus vidas desarrollando plenamente su potencial. Once años de escuchar las historias más increíbles en las comunidades con las que trabajo y aprender de ellas me han enseñado que tenemos la obligación de garantizar estos derechos. Simplemente porque estamos en posición de hacerlo. Y, para mí, siempre tendrá sentido luchar por esto.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Usted también podría estar interesado en