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Voy a pellizcarte el culo y agarrarte los senos, pero no puedes hablar de ello: los monólogos de BuSSy en Egipto

BuSSy monologues

Foto: Yehia El Zeiny

Por: Sondos Shabayek *

Cada vez que alguien sube al escenario para compartir algo que otros califican de tabú,  desafía las barreras mentales de la sociedad, y allana el camino para que exista un lugar donde el hablar abiertamente de nuestros problemas deje de considerarse un crimen o un pecado.

“No se puede subir al escenario y decir esto,” me dijo el director de un teatro público.

“¿Cómo sugiere que lo diga de otra manera?” le contesté.

“Sólo tienes que utilizar ‘pip” o decir que alguien dijo una frase inadecuada o cometió un acto inapropiado en tu presencia.”

“Así que cuando un hombre me pellizca el culo y otro me dice ‘quiero que me chupes la ‘verga’, ¿usted espera que yo comparta mi historia en el escenario sólo diciendo que hicieron algo inapropiado?”

“Sí”

“Entonces está bien que yo lo escuche en la calle, pero no está bien que usted me escuche contar la historia”.

Vivo en El Cairo, donde se me advierte constantemente que no debo compartir historias que muestre la desagradable realidad  que conozco por mi trabajo con mujeres egipcias que son acosadas, violadas, abusadas y cosificadas.

Existe el sexo pre-matrimonial sin protección, y la razón por la que se da sin protección es porque la sociedad prohíbe cualquier intento de difundir información sobre las consecuencias del sexo sin protección,  por temor a que esto se tome como una señal de aprobación de un acto “pecaminoso”.

No puedes hablar de los problemas sexuales que tienes con tu marido. No puedes hablar de cómo tu jefe te acosa. No puedes hablar de cómo el taxista te tocó el culo. Y no puedes hablar sobre el deseo de tener relaciones sexuales, porque esto te convierte en una prostituta a los ojos de la sociedad. Pero un hombre puede presumir de sus aventuras sexuales públicamente, día y noche.

A veces parece como si la sociedad egipcia supiera lo que está pasando aquí con las mujeres, pero haya acordado  de manera colectiva – y tácita – no hablar de ello. O hablar de ello y darle poca importancia, para hacerlo parecer una cuestión trivial que es secundaria en la larga lista de las prioridades “reales”.
Algo similar ocurrió después de los primeros días de la revolución de Egipto. La gente tomó las calles el 25 de enero de 2011, y de nuevo el día 28, y se quedó en la plaza Tahir durante 18 días para exigir la caída del régimen.

Cuando el régimen cayó, los diferentes grupos se lanzaron a las calles para reivindicar  diferentes causas. Pero cuando un grupo de mujeres marcharon en el Día Internacional de la Mujer en 2011 para recordar a la gente que la Constitución egipcia todavía no garantiza los derechos de las mujeres, se burlaron de ellas  y  les dijeron que se fueran a casa.

“Ahora tenemos una revolución y un país por construir, no es el momento para asuntos secundarios. Tenemos que permanecer unidos, y esto no es una causa colectiva”.

Aunque tengo mis reservas sobre el discurso de las organizaciones feministas en Egipto, me horrorizó lo que les sucedió a las mujeres durante esa marcha. Los hombres en la plaza Tahir, no solo se burlaron de ellas, sino que las acosaron y las agredieron.

El pasado abril, participé en una mesa redonda sobre “El arte en Egipto,” de pronto un periodista se levantó y me preguntó si tenía la intención de volver a trabajar “en obras teatrales que abordaran aquellas prioridades colectivas” – como las que dirigí en 2011 acerca de las historias de la revolución – “más que a tratar cuestiones que no afectan necesariamente a la gran audiencia”. Con ello se refería a las historias de mujeres.

Prejuicios arraigados como éste es por lo que puse en marcha el  proyecto “BuSSy “, también conocido como  “Los Monólogos de BuSSy “, en 2006. Ofrecemos a las mujeres egipcias un espacio libre, abierto y sin censura en el escenario, para compartir historias de su vida cotidiana; en un principio en el campus de la Universidad Americana de El Cairo (AUC).

Durante una serie de talleres y entrevistas con mujeres, se realizó una obra de teatro con historias verdaderas. A veces, las mujeres compartían sus propias historias y otras veces, se ofrecían para compartir historias de otras mujeres que prefieren permanecer en el anonimato.

En los últimos ocho años del proyecto, he sido testigo de innumerables historias que exponen la doble cara de la sociedad patriarcal en la que vivo. Las mujeres han salido al escenario para compartir historias sobre el brutal acoso verbal y físico que sufren en la calle y tras las puertas cerradas. Otras hablan sobre el trato condescendiente que reciben en el trabajo por parte de sus jefes varones, que utilizan un  lenguaje como ‘ nena ‘, ‘ dulce de azúcar “, y también de la famosa pregunta que se hace al final de llamadas telefónicas injustificadas a altas horas de la noche:”¿Qué llevas puesto? “

Las mujeres han compartido  testimonios valientes sobre la mutilación genital femenina, y han hablado acerca de los imposibles estándares de belleza que obligan a muchas de ellas a pasar largas horas en la “sala de tortura” – un término utilizado por una de nuestras narradoras para describir el salón de belleza. Han hablado también sobre ‘matrimonios arreglados,’ que es  siempre uno de los temas de actualidad de Egypto; compartiendo historias de cómo fueron obligadas o presionadas por la familia o los amigos para ser exhibidas como productos de venta al por menor ante los novios potenciales.

En árabe, “Bussy” significa “mira.” Aquellos que hablan algo de inglés también lo pueden entender como un juego de palabras – “BuSSy” y “Pussy” (nombre vulgar para referirse a la vagina) – lo que  a veces ha supuesto algunos problemas para el proyecto.

–“Hmm, el dueño del local dice que no se puede realizar aquí porque el nombre de la serie es inapropiado”, me comunicó el coordinador de un teatro.

Pero como yo no quería que se hablara mal del proyecto, ni desarrollar una reputación que no tiene nada que ver con su contenido real,  traté de desviar la atención de la gente, escribiendo el nombre en letras árabes. Tampoco esto ha funcionado.

La sola idea de que se trate de historias verdaderas de mujeres de carne y hueso  hace que se levanten cejas y sonrisitas.

En 2010, decidimos ampliar el proyecto para incorporar las historias de los hombres, y también actuar fuera de los locales de la AUC; pero pronto nos topamos con la triste realidad de la ‘libertad de expresión’ en Egipto. Sí, los guiones contienen historias que abordan temas sensibles, incluso tabúes, pero no hay una palabra o frase que alguien pueda señalar como ilegal o sediciosa.

Aunque ya estábamos practicando una buena cantidad de autocensura, nuestras representaciones continuaron siendo rechazadas por un gran número de lugares. “El Sakia” (uno de los famosos locales de interés cultural de El Cairo) nos pidió primero un permiso de la censura, y luego, cuando lo conseguimos, se negó igualmente a representar la obra. Semanas más tarde, el coordinador de las representaciones teatrales nos dijo que el director de El Sakia tenía muchas objeciones a nuestro guión y que le parecía que nuestro nombre, BuSSy, era inapropiado.

El envío de los guiones a la Censura Estatal para las Artes fue otra experiencia aparte – una oficina gubernamental vieja, burocrática e ineficaz, con empleados sin ninguna experiencia en artes, y que archivan informes al Departamento de Seguridad del Estado del país en el Ministerio del Interior. Sin embargo,  fueron lo suficientemente competentes para censurar frases como: “Quiero dormir con una chica”,  recortándola a un ‘ Quiero ‘ carente de sentido.

Al final actuamos en un escenario en la cafetería de la Ópera de El Cairo, que montamos con un pequeño presupuesto tomado de nuestros salarios. Fue el único espacio que pudimos encontrar.

Al día siguiente, después de nuestra primera actuación, se nos informó de que los miembros de la Censura Estatal para las Artes, la Policía de Turismo, la Seguridad del Estado y la Policía de las Buenas Costumbres (un departamento de policía en Egipto que se ocupa principalmente de perseguir la prostitución y de arrestar a las parejas que se besan en público) habían  acudido al teatro y querían parar la obra.

“Y si no paramos ¿qué pasa?” Le pregunté entonces a la persona que nos había ofrecido el espacio.

“Usted no quiere saber qué pasa si no para, me contestó.

Por lo que tuvimos que representar con mímica la mitad del guión, ya que no queríamos traer problemas a la única persona que nos había apoyado.

Sin embargo, a pesar de esta larga lista de sucesos decepcionantes,  el proyecto de los “Monólogos de BuSSy” consiguió que mucha gente se sintiera más valiente. Ahora somos más aceptados, y tenemos un pequeño círculo de apoyo al que llamamos nuestra familia. Hemos dejado de practicar la autocensura, y nos negamos a tratar con  cualquier teatro que requiera un permiso de la censura estatal o nos pida leer el guión con la intención de hacer cortes.

Es increíble ver como mujeres y hombres en una sociedad dominada por los hombres comparten historias similares de inseguridad, que vienen a cuestionar el estereotipo de que todas las mujeres son víctimas y todos los hombres son opresores. Los opresores reales son la ignorancia y las tradiciones retrógradas.

“Nunca se me permitió llorar o mostrar signos de debilidad.”

“Se burlaban de mí en la escuela por no tener pelo en el pecho hasta la secundaria.”

“Me negué a usar un traje de baño porque tenía miedo de que se burlaran de mi culo.”

“Yo sé cómo desnudan a todas las mujeres con la mirada, por lo que cada vez que camino por la calle con ella siento el impulso de golpear a todos los varones que pasan. Me carcome la forma en que la miran”.

Todas estas declaraciones han sido tomadas de las historias contadas por los hombres acerca de sus experiencias.

Relegar el derecho de toda persona a vivir de manera segura y libre a una preocupación secundaria o trivial es en realidad otra forma de opresión. Una sociedad que no te permite vivir tu vida de la manera en la que te gustaría hacerlo, te está diciendo que la libertad no es importante.

Pero para mí y para otros que trabajan con el proyecto BuSSy, estas historias expresan una necesidad colectiva de liberación de todo lo que es ignorante, opresivo e impuesto.

Cada historia habla por varios cientos de más que no se cuentan. Cada vez que alguien sube al escenario para compartir algo que otros califican como un tabú, desafía las barreras mentales de la sociedad, y allana el camino hacia un lugar donde el hablar abiertamente de nuestros problemas ya no se considere un crimen o un pecado.

Si esto se considera trivial, no sé para qué nos tomamos las calles de El Cairo en 2011.

* Sondos Shabayek es la fundadora y directora de “Los monólogos de Tahir”, un proyecto teatral que presenta historias reales de la revolución de Egipto. También dirige el proyecto BuSSy, que permite a las mujeres (y ahora los hombres) contar sus propias historias en el escenario.

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