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Marcha de las Mujeres Negras: El acto radical y feminista de reivindicar el espacio y reescribir la narrativa

March of Black women_finalBrasilia no es como ninguna otra ciudad en la que he estado. Sus calles se despliegan en una cuadrícula clínica. En el calor del mediodía, el sol te abrasa desde arriba y el asfalto sobrecalentado bajo tus pies hace que caminar sea un todo un padecimiento. Hay pocos árboles o vestigios de vegetación que te alivien de los alrededores de concreto, interrumpidos solo por franjas de suelo color granate, hasta donde llega la vista al nivel de la calle. Raquel de Souza, feminista, escritora activista y nuestra traductora para este viaje, describe a Brasilia como un “experimento sociológico fallido”.

Cuando investigo la historia de la ciudad, me entero de que tiene razón. En la década de 1960, Brasilia fue construida para que fuera “la ciudad más modernista”. Con frecuencia se le critica “por sus bloques habitacionales antisépticos, por su dependencia de carreteras que separaron a la gente de calles y barrios donde se podía caminar, por crear espacios públicos monumentales que sirvieron como símbolos icónicos a la vez que alejaban a visitantes y por planificar excesivamente cada aspecto de la vida urbana, de modo que las/os habitantes de la ciudad no pudieron redefinirla según sus propias condiciones”.[1]

“Esta ciudad no fue construida como un lugar donde la gente viva y la disfrute; fue construida para ser hostil”, comenta Raquel mientras avanzamos lentamente por la plaza central donde se encuentran la biblioteca principal y el museo de historia musical de Brasilia.

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No seremos silenciadas

Así que hay algo emocionante y de hecho radical respecto a la forma en que las mujeres negras brasileñas tomaron por completo la ciudad el 18 de noviembre.

Fue un momento histórico. Porque esta marcha constituyó la primera vez que mujeres negras de todo el Brasil se han congregado a este nivel, a escala nacional. Para marchar lideradas por mujeres porque, sabes, en los movimientos negros del Brasil, [muchos de los] líderes [visibles] son hombres negros. Entonces, es una declaración potente que las mujeres se reúnan de esta manera. ~ Raquel de Souza

El momento fue simbólicamente poderoso en múltiples aspectos. A medida que millares de mujeres marchábamos hacia el Congreso Nacional —la sede del poder político formal en el Brasil— cantando consignas de resistencia (“Yo no acepto mi lugar en la cocina”, “Quiero estar en la revolución”), era imposible que la gente no nos viera o no nos escuchara. Llenamos las principales carreteras y caminos aledaños, forzamos al tráfico a detenerse hasta el punto en que las personas que se dirigían a trabajar o almorzar, en sus automóviles o en bus o a pie, se vieron obligadas a esperar mientras la marcha avanzaba poco a poco. En cierto momento no podías ver las calles debido a toda la gente que las saturó.

Recuperaremos la narrativa…

En 2013, un promedio de 13 mujeres fueron asesinadas por día en el Brasil, según el Mapa de la violencia 2015: Homicidio de mujeres en Brasil, producido por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en coordinación con ONU Mujeres Brasil y la Organización Mundial de la Salud. Pero esta violencia no afecta de igual manera a todas las mujeres brasileñas. De hecho, tal como lo reveló el estudio, la cantidad de mujeres negras o mestizas que fueron asesinadas entre 2003 y 2013 aumentó en un impresionante 54,2 %. Las mujeres negras constituyen 49 millones, el 25 % de la población total del Brasil, y las mujeres negras, jóvenes y pobres son las principales víctimas de violencia. Entre 2001 y 2011, dos de cada tres víctimas de femicidio fueron negras.

Estas cifras no son un error o un accidente. Son ejemplos de una guerra más grande contra las mujeres negras y los cuerpos de las mujeres negras; una guerra cuyo campo de batalla es definido por motivos de raza, clase y sexo.

Las mujeres negras están expuestas a la violencia directa, que las victimiza fatalmente, y a la violencia indirecta, que afecta a sus hijas, hijos y personas allegadas. … Es urgente crear conciencia pública contra el racismo y acelerar las respuestas institucionales concretas en favor de las mujeres negras. ~ Nadine Gasman, Representante de ONU Mujeres en Brasil[2]

La decisión de marchar en Brasilia tampoco fue por accidente. Es allí donde se reúne el Congreso Nacional. Y, en cierta forma, la ciudad y su propio diseño son un reflejo de la exclusión y la violencia infligidas sobre los cuerpos negros de una manera que no sucedería en ningún otro lugar. Reclamar estas calles y bulevares, pintar esta ciudad con pancartas brillantes que proclaman y afirman los derechos de las mujeres negras a la vida, al bienestar, a vivir libres de violencia, racismo y desigualdad, es una declaración potente y un momento crucial en la historia brasileña.

Si las mujeres negras marchan en Bahía, bien. Es un estado con mayoría negra. ¿Pero en Brasilia? Esa es una historia diferente. Aunque [estar en ese lugar] fue duro para nuestras piernas, nuestra mente… Era importante que marcháramos en esa ciudad.

A pesar del ambiente implacable e incluso un enfrentamiento con el grupo pro-militar de derecha Movimiento Brasil Libre,[3] la marcha fue imparable.

En última instancia, la Marcha de las Mujeres Negras es un momento fundamental y de empoderamiento para el Brasil en múltiples frentes. Tiene que ver con reivindicar el espacio y también con recuperar una narrativa de exclusión, negación y violencia. Más de quince mil mujeres negras brasileñas se reunieron para articular una narrativa diferente en la cual sus voces, sus historias [como mujeres] y las cuestiones que anidan en sus corazones no sean borradas, invisibilizadas o silenciadas.

Y eso es radical.

Sobre la Marcha de las Mujeres Negras

El 18 de noviembre de 2015, millares de mujeres negras provenientes de todos los estados y regiones del Brasil (y del ámbito mundial) se dirigieron a Brasilia, la ciudad capital, para congregarse en la Marcha de las Mujeres Negras con el fin de manifestarse por los derechos, la justicia, la libertad, la democracia y el bienestar.

* Maggie es parte del equipo de África meridional de JASS [Asociadas por lo Justo]. Asidua lectora y floreciente escritora, le entusiasman las maneras creativas de documentar y abordar la experiencia humana.

Como pasante en el Proyecto de Ley de Refugiados en Uganda, Maggie facilitó un proyecto de narrativas urbanas con mujeres refugiadas en Kampala, tras haber visto la eficacia de las potentes historias personales en el trabajo de promoción y defensa. Trabajó como voluntaria con refugiadas/os y solicitantes de asilo zimbabuenses en Sudáfrica cuando fue pasante de PASSOP (People Against Suffering, Suppression, Oppression and Poverty [Personas contra el Sufrimiento, la Supresión, la Opresión y la Pobreza]), pasó un verano haciendo Teatro para el Cambio Social en Suazilandia e hizo trabajo voluntario como traductora y asistente de edición del libro de la organización Voice of Witness [Voz Testimonial] «Hope Deferred: Narratives of Zimbabwean Lives» [Esperanza diferida: Narrativas de vidas zimbabuenses] (publicado por McSweeneys en 2010).

Maggie se unió a JASS en 2009, poco después de graduarse de la Universidad de Yale con una Licenciatura en Literatura Comparada, con especialización en literaturas africanas en francés e inglés.

[1] The Brazilianization of Brasilia [La brasilianización de Brasilia], Fernando Lara y Stella Nair, The Journal, Vol. 14, No. 2, invierno de 2007. Ver también: Brasilia, Nina Martínez.

[2] Asesinan en Brasil a 13 mujeres cada día, según Flacso, Egardo Luguercio, 10 de noviembre de 2015. Ver también: Mujeres negras: las mayores víctimas de femicidios en Brasil, ADITAL, 10 de noviembre de 2015; Aumento de homicidios contra mujeres negras es producto del racismo institucional, ADITAL, 24 de noviembre de 2015.

[3] Lanzan un explosivo casero contra una marcha de mujeres negras en Brasil, EFE, 18 de noviembre de 2015. Nota de la traductora: Se reportó que el hombre que lanzó el explosivo contra la marcha es militante del Movimiento Brasil Libre.

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