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El ‘lavado de cara rosa’ de Israel en Alemania y la dificultad de denunciar

CSD Pride Parade2 27.06.16En estos últimos años hemos visto desplazamientos masivos de millones y millones de personas, y nos hemos sentido derrotadxs al ver que la clase política en todo el mundo no ha hecho más que desesperarse por evadir la responsabilidad.

En lo que también se conoce como «crisis de los refugiados», la política de convertir a Europa en una fortaleza ha causado miles de muertes que podrían haberse prevenido.

Dentro de Europa, Alemania ha «acogido» a un gran número de refugiadxs: un millón en 2015, cifra que es superior a la de la mayoría de los países europeos.

En mi opinión, la respuesta comunitaria a esta llegada masiva de personas no puede compararse con la de los países vecinos. Desde los carteles diciendo «Los refugiados son bienvenidos» que aparecieron en las grandes ciudades o las fiestas de bienvenida con la que fuerxn recibidxs refugiadxs y migrantes en las estaciones de tren, hasta la generación de proyectos y eventos comunitarios que ayudan a las personas recién llegadas a sentirse bien recibidas, este relato de la generosidad y el desprendimiento alemán se ha escrito casi solo (aquí se puede leer, en inglés, una respuesta crítica a esto).

Pero cuando se trata de reconocer las consecuencias desastrosas que ha tenido la política de asentamiento de colonxs israelíes (apoyada por «Occidente») sobre la llamada «crisis de los refugiados», la respuesta de lxs activistas (que en su mayoría son blancxs) aterra por lo silenciosa.

Es absurdo hablar de la «crisis» sin mencionar la larga historia de exilios del pueblo palestino. No nos olvidemos de que muchxs de esxs refugiadxs de Siria que el Gobierno alemán se ha ofrecido a ayudar en forma tan generosa y pública, fueron desalojadxs de sus hogares y privadxs de ciudadanía no una sino dos veces.

En Alemania, es difícil hablar en contra de Israel. Para muchas personas de Alemania, criticar a Israel no es más que una expresión de antisemitismo. Es un tema que divide a la izquierda del país, y el ejemplo más notable son las tendencias Antideutsch (antialemanas).

El lobby sionista utilizará cualquier elemento a su alcance para disfrazar los crímenes que está cometiendo contra el pueblo palestino. Una de sus estrategias de relaciones públicas más convincentes es el «lavado de cara rosa», táctica que se utiliza para «pintar» a Israel como oasis civilizado y liberal de tolerancia gay en Medio Oriente, forzando la presentación racista de Palestina como incivilizada y homofóbica.

Son muchas las personas que parecen «comprar» este argumento. En cualquier manifestación a favor de Israel aquí en Berlín encontraremos muchas banderas del arco iris agitadas con entusiasmo y convicción de estar haciendo lo correcto.

Es en este contexto que decidimos crear el grupo Berlin Against Pinkwashing [Berlín contra el lavado de cara rosa]. Somos un grupo diverso de activistas que nos hemos reunido para denunciar esta apropiación insultante de la temática queer. Nuestro mensaje es claro: No vamos a permitir que se utilicen nuestras identidades para promover esta agenda racista.

Nuestras batallas no están separadas y nunca podrían estarlo. Si bien celebro el compromiso de Alemania de «nunca más» permitir que se repitan las atrocidades de su pasado, debemos recordar que siempre existe más de un relato, más de una historia. La lucha contra el antisemitismo no se puede hacer por fuera de un contexto de antiimperialismo, anticapitalismo y de luchas queer feminsitas. Este mensaje de solidaridad resulta más necesario que nunca, y yo diría que esto se aplica especialmente a Alemania.

Naomi Alice Rodgers -Naomi Alice Rodgers es una activista feminista que vive en Berlín. Forma parte de movimientos feministas tanto locales como internacionales y también hace trabajo solidario con lxs palestinxs que resisten la ocupación y el apartheid. Participa intensamente en el grupo Berlin Against Pinkwashing [Berlín contra el lavado de cara rosa], un grupo que quiere llamar la atención sobre la apropiación de temáticas LGBTQI* y feministas por parte de Israel (y de sus aliados occidentales) para enmascarar la realidad de la colonización y el apartheid en la Palestina Ocupada. También le interesan la segregación y la discriminación social que ocurren en espacios sociales de Berlín (y sobre todo en los clubes nocturnos), que investigó para su tesis de maestría sobre Estudios de Género Interseccional.

 

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